Nosotros conocemos al hombre que susurra a los olivos y ese es Diego. ¿Por qué le llaman así? Porque a cada olivo le da lo que necesita en cada momento.

La historia de Diego se remonta a cuando hereda una hacienda en Carmona, Sevilla, que pertenecía a su abuelo. En ella, hay multitud de olivos de aceituna arbequina y en aquella época nadie los quería porque dan una menor cantidad de aceite por cada kilo de aceituna recogida.

Actualmente resulta que se ha “puesto de moda” el aceite que proviene de estas aceitunas, ya que el sabor es mucho más suave y tiene multitud de seguidores. Gracias a que Diego conservó sus olivos de arbequina, hoy tiene olivos centenarios mientras que el resto de los olivaros arrancaron sus olivos de arbequina hace mucho tiempo.

Por todas estas circunstancias, Diego decide dejar la empresa de Marketing en la que trabajaba y se va al olivar, ese que siempre había sido el sueño de su abuelo. Como curiosidad, le llaman el hombre que susurra a los olivos porque le da a cada olivo lo que necesita en cada momento.

Para él, es muy importante esperar al momento en el que la aceituna va a dar su mejor sabor, ya sea en la cosecha temprana o envero y no esperar a un momento en el que dé más cantidad de litros por kilo de aceituna, como suelen hacer otros muchos olivareros. Por ello, tiene ese sello tan característico. ¡Diego siempre pendiente de la calidad de su aceite! Es un gran amante del aceite de oliva y de sus propiedades y en su hacienda tiene sembrados más de 20 olivos de variedades de aceituna distintas. En la zona, todos están encantados con su forma de tratar a los olivos, tanto es así que lleva a colegios a visitarle para enseñarle a distinguir un buen producto hecho con aceite de oliva a un producto de supermercado industrial hecho con grasas trans.